Acá nomás

Galería Zavaleta lab

Buenos Aires

2013

Tejedora: Liliana Ponisio

 

Cómo hacer palabras con cosas.

Sobre “Acá nomás” de Guido Yannitto en Zavaleta Lab.

En su libro Cómo hacer cosas con palabras, John Austin llamaba la atención sobre un tipo de actos lingüísticos que no se refieren a algún hecho del mundo sino que son hechos en sí mismos. El caso típico es el de aquéllos en los que pronunciar una oración es realizar una acción como por ejemplo: “Si, juro”. Pero a partir de ese tipo específico de enunciado, Austin sugería que era esa una condición constitutiva del lenguaje.

Inversamente, Guido Yannitto elabora palabras con actos.

En su manera de construir las imágenes, prescinde al máximo de la conciencia. Confía en gestos repetidos, automáticos, donde aquélla tiene un lugar marginal, limitado. El sentido parece ser todo eso que se edifica mientras nosotros estamos pensando en otra cosa.

Una perspectiva materialista como la que tiene Yannitto sobre el lenguaje, nos hace detener en los irresolubles problemas de la vida humana. Los significados son equívocos, las letras apenas se reconocen, no nos entendemos. Guido parece decirnos que es eso lo que el arte tiene para iluminar: la oscuridad de nuestras relaciones que sin embargo son la única fábrica de sentido. Como si poco pudiera pretenderse de este opaco mundo pero incluso así podemos encontrar la belleza.

Dice su amiga Josefina que Guido hace su obra como camina. Es cierto, incluso ha hecho muchas obras caminando, nuevamente sugiriendo que son acciones las que arman el mundo. El sentido se forma mientras estamos pensando en otras cosas. Mientras estamos haciendo cosas casi sin pensar, como caminar. Tejemos palabras entre nosotros, ¿pero qué pasa? ¿Son palabras o son ruidos? ¿O son, en realidad, sólo llantos o una risa?

Las palabras para Guido no surgen ni del pensamiento ni del mundo. Ocurren. Están. Son hechos automáticos en donde, por suerte, nos perdemos.

Esta idea de que hay algo que hacemos que no sabemos que lo hacemos es reveladora y a la vez tremenda. “No lo saben, pero lo hacen”. Significa que no gobernamos enteramente sobre nuestras propias vidas. La destellante iluminación de Marx, presente también en la teoría del inconsciente de Freud, es al mismo tiempo lo que fue definido como la mayor herida narcisista de la humanidad, sólo comparable al descubrimiento de que la Tierra no era el centro del mundo.

Las mismas obras que vemos en esta ocasión nos hablan también de otro fetiche del arte. El paisaje. Los paisajes de Guido son humanos, más que humanos. No es lo sublime, es el silencio que se apoya sobre la tierra. La nada, gotitas, shhh… Los paisajes de Yannito se ubica siempre en un lugar intermedio, ni acá ni allá: acá nomás, en ninguna parte. Como en el primer romanticismo los paisajes de Guido son los de un estado interno que se pierde en la inmensidad de la naturaleza: inaccesible. Rendido a lo inabarcable. Entregado a la enormidad sin fin ni fines.

Una vez y otra la obra señala un acto de enunciación donde prima la circunstancia por sobre el significado.

Guido trabaja sin prisa pero sin pausa siguiendo su hilo conductor. Sus conocimientos académicos le permiten tomar distancia de los vendavales de información que contaminan a otros. Se inserta, tranquilo, en debates del arte contemporáneo sin apuro ni estridencias. Detrás de su suave sonrisa el artista guarda secretos, como las palabras.

Mariana Cerviño, agosto de 2013.